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Perspectivas

Veinte años de historia viva en el Observatorio

Juan Blanco Flores
Auxiliar del OPCE
Juan Blanco Flores
Veinte años de historia viva en el Observatorio

04/09/2026 104 lecturas

Un inicio provisional en el piso once

Llegué a esta institución cuando apenas era una idea plasmada en decreto. Corrían los años 2005 y 2006; tras una convocatoria pública en prensa, postulé con la documentación requerida para el área de mensajería y apoyo auxiliar. Poco después me informaron que el proceso se había declarado desierto, pero el área administrativa me propuso una tarea inmediata: hacerme cargo provisionalmente de las llaves del nuevo recinto mientras se relanzaba la convocatoria. Aquel compromiso pactado verbalmente por un par de meses terminó convirtiéndose en el trabajo de toda mi vida.

Comenzamos a levantar lo que con el tiempo se transformaría en una entidad técnica fundamental para el país.

El inicio fue austero y desafiante. El Observatorio de la Calidad Educativa (OCE) se instaló en el piso 11 del edificio ex-BBA, ocupando un ambiente reducido que compartíamos con la unidad de educación alternativa. No contábamos con escritorios suficientes, maquinaria ni infraestructura adecuada. Desde ese espacio dividido a la mitad y desprovisto de comodidades, comenzamos a levantar lo que con el tiempo se transformaría en una entidad técnica fundamental para el país.

Del mandato de investigación a las urgencias del SIMECAL

Aunque la misión original encomendada por el Ministerio de Educación era desarrollar investigación pura sobre el sistema formativo, la realidad institucional impuso otra ruta. El OCE absorbió de inmediato las tareas operativas que antes realizaba el Sistema de Medición y Evaluación de la Calidad de la Educación (SIMECAL), asumiendo la ejecución de los exámenes de ascenso de categoría y las pruebas de ingreso a las escuelas normales a escala nacional.

Aquella etapa estuvo marcada por una tensión permanente. Manejar las pruebas representaba una responsabilidad mayúscula debido a la confidencialidad requerida; existía un celo riguroso para evitar cualquier filtración de preguntas. Al mismo tiempo, afrontábamos una fuerte presión por parte de confederaciones del magisterio y organizaciones sociales que buscaban intervenir en las directrices técnicas. En medio de esa turbulencia pasaron tres autoridades en menos de tres años[1], hasta la designación del profesor Édgar Cadima Garzón, el único director que accedió al cargo mediante concurso de méritos. Su gestión demostró que el diálogo pedagógico, la rigurosidad en la selección del equipo técnico y la transparencia podían articular consensos incluso frente a los sectores más complejos.

La transición a la Ley 070 y el nacimiento del OPCE

Con la promulgación de la Ley 070 Avelino Siñani - Elizardo Pérez, el organismo se refundó como Observatorio Plurinacional de la Calidad Educativa (OPCE). Bajo la dirección inicial de Vidal Coria a partir de 2011, se intentó reencaminar el propósito central: generar diagnósticos rigurosos, medir variables de calidad e informar objetivamente sobre el estado de la enseñanza en Bolivia.

Sin embargo, hacer investigación técnica en el sector público conlleva dilemas complejos. Muchos de los estudios elaborados no lograban una difusión plena porque los resultados exponían debilidades del sistema que generaban susceptibilidad en los despachos ministeriales. La posibilidad de que un diagnóstico técnico incomodara a la dirigencia o a las autoridades de turno derivó, en reiteradas ocasiones, en la retención o postergación de publicaciones clave, impidiendo que la evidencia se tradujera oportunamente en políticas de transformación educativa.

Doce gestiones y el desafío de la continuidad técnica

A lo largo de estas dos décadas he presenciado el paso de doce autoridades. Salvo una excepción, el denominador común ha sido la designación por libre nombramiento, lo que acarreaba una renovación casi total del personal con cada cambio de mando. Han transitado por estos pasillos sociólogos, psicólogos, antropólogos y docentes de distintas regiones del país, cada grupo aportando enfoques disciplinares diversos.

El costo más alto de esta dinámica ha sido la pérdida de continuidad. Era frecuente ver cómo una gestión desarrollaba indagaciones exhaustivas —como proyectos sobre discriminación en el ámbito escolar trabajados con otras carteras de Estado— que quedaban inconclusas o archivadas en depósitos cuando asumía un nuevo director. Cada autoridad entrante solía reiniciar tareas desde cero, dejando de lado diagnósticos valiosos. Pese a ello, el personal técnico que integró cada ciclo demostró siempre un compromiso genuino con las responsabilidades encomendadas.

Nuevas dependencias y viabilidad institucional

En años recientes, la estructura del OPCE experimentó una modificación sustancial al pasar de la tuición del Ministerio de Educación a la del Ministerio de Planificación del Desarrollo y Medio Ambiente[2]. Este reordenamiento administrativo permitió redefinir metas estratégicas a nivel nacional, brindando un marco de mayor viabilidad operativa.

Actualmente bajo la actual dirección se consolidaron líneas de trabajo orientadas al fortalecimiento de los núcleos de investigación, restableciendo puentes de diálogo técnico y reduciendo la injerencia externa. Esta etapa representa una oportunidad para saldar deudas históricas con la producción de información y publicación de estudios e investigaciones.

El valor de lo humano

Más allá de los decretos, las resoluciones y los episodios críticos —como aquellas jornadas de protesta sindical en las puertas de la oficina—, mi permanencia como custodio de esta entidad ha sido un aprendizaje formativo invaluable. Para mí, el Observatorio ha constituido una auténtica universidad en relaciones humanas y ética cotidiana.

La función pública suele ser transitoria y vertiginosa. Al inicio me resultaba difícil asimilar las partidas repentinas de colegas con quienes se compartían jornadas festivas, aniversarios y momentos familiares. Con los años comprendí que el respeto no depende de jerarquías: atender con calidez tanto a un investigador como a un visitante de base es el principio que sostiene a una institución. A pesar de los problemas de salud y las dificultades superadas con perseverancia, continúo cuidando este espacio con la misma convicción del primer día, convencido de que la memoria de una entidad reside en quienes la construyen desde el trabajo diario y continuo.


[1] David Llanos Layme (2006), Rodolfo Benavides Choque (2007) y Raúl Copa Gonzales (2007)

[2] Actualmente el OPCE se encuentra bajo tuición del Ministerio de la Presidencia (D.S. 5675).

Nota: En esta entrega de Perspectivas, compartimos el testimonio de Juan Blanco Flores, auxiliar de la institución y custodio de su memoria cotidiana desde los inicios operativos del antiguo OCE hasta el presente del OPCE. A través de su mirada, reconstruimos los hitos fundacionales, las tensiones políticas y sindicales, la fragilidad de los proyectos de investigación frente a los constantes cambios de gestión y el aprendizaje humano desarrollado a lo largo de dos décadas.